SegĂșn Nassim Taleb, el cisne negro es un suceso que cumple con tres condiciones: es inesperado, genera un impacto descomunal y, una vez ocurrido, resulta racionalizable. Dicho de otro modo: primero nos desarma y despuĂ©s, con una tranquilidad sospechosa, lo explicamos como si siempre lo hubiĂ©ramos sabido.
PodrĂa pensarse como el terror de los neurĂłticos, ya que este tipo de acontecimientos deja al descubierto la fragilidad de nuestros esquemas, el desarme de una trama prolija que sostenĂamos con esfuerzo y cierta fe. Sin embargo, creo que tambiĂ©n se trata de un fenĂłmeno transformador y superador, aunque no por eso menos molesto. Toda fractura trae dolor, angustia y, mĂĄs tarde o mĂĄs temprano, recuperaciĂłn, esfuerzo y algo de voluntad, cuando queda.
Todo efecto no previsto podrĂa considerarse, intuyo, un cisne negro. No obstante, sepamos que ciertas cosas son probables, aunque nos hagamos los distraĂdos: muertes, accidentes, traiciones, etc. Tal vez sea la dimensiĂłn del tiempo la que vuelva a un suceso verdaderamente disruptivo. No tanto lo que pasa, sino cuĂĄndo pasa. Pienso… no estoy seguro.
La relevancia de este fenĂłmeno, segĂșn mi modesta percepciĂłn, no radica en que el cisne negro llegue para explicar el pasado, sino mĂĄs bien para reordenarlo. Aparecen nuevas conductas, actores, caminos e ideas que, hasta ese momento, no eran nada o casi nada, y que de pronto adquieren una importancia decisiva, como si siempre hubieran estado esperando su turno.
Prosigo con mi experiencia. Mi trĂĄnsito por este plano me sugiere prudencia: manejarme con racionalidad. Me refugio en el mundo de los datos y las estadĂsticas; los fenĂłmenos empĂricos, palpables, me tranquilizan. Intento alejarme lo mĂĄs posible de mi falluta emociĂłn. Y, aun asĂ, la matrix se revela y falla una y otra vez, devolviĂ©ndome sucesos surrealistas, a priori impensados, como si el sistema disfrutara especialmente de ese detalle.
¿QuiĂ©n maneja esta malĂ©fica botonera?
¿QuiĂ©n decide?
¿Dios?
¿Nosotros?
¿El destino?
¿La suerte?
¿Nuestros deseos irrefrenables?
¿Mis malas conductas, que tampoco ayudan?
OjalĂĄ fuera el karma, aunque lo dudo: suele llegar tarde y con mala punterĂa.
Comparto entonces esta anteĂșltima reflexiĂłn: ¿serĂĄ la vida una serie indĂłmita de desencantos?, ¿un velo fino que se rasga y se vuelve a coser?, ¿caretas que se caen para desencantarnos y nos obligan a inventar historias cada vez mĂĄs rebuscadas para ilusionarnos y volver a amargarnos? ¿Masoquismo del siglo XXI? Conocernos para desconocernos, querernos un rato y detestarnos otro tanto, con breves intervalos de cortesĂa.
¿Y los otros? Hay caĂda de ideales, por supuesto. Padres virtuosos y todopoderosos que terminan siendo inseguros, diminutos, inertes, casi indefensos. Hermanos distantes. Amigos que se los lleva el olvido. Grandes amores que se vuelven la nada misma.
Pero dentro de todo este cambalache hay una buena noticia: estos sucesos también nutren, traccionan y permiten a los mortales, aunque sea por momentos volver a creer en algo o en alguien, aun sabiendo que probablemente dure poco.
Mi Ășltima reflexiĂłn:
el cisne negro no llega para sorprender, sino para dejar en evidencia la fragilidad del aparente orden.
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