El porvenir de una desilusión


Un padre que no escucha a su hijo.
Una docente que ignora a un alumno.
Alguien que deshonra la pasión y el mundo de las ideas.
Aquellos que adulan por interés y por poder personal.
Otros que pecan de vanidosos sin siquiera notar el ridículo.
Algunos que enaltecen ídolos de poca monta.
Ladrones de joyas… y de sueños.
Parejas que desoyen y traicionan acuerdos tácitos.
Hermanos de la vida que la vida misma se lleva.
Comerciantes de la salud.
Comunicadores que desinforman, armando laberintos donde antes había caminos.
Curas que espantan, con sermones que parecen castigos.
Y miles más… miles que, con sus actos mínimos o ruidosos, mantienen el circo andando.
Un circo que avanza a contramano.

De este dolor y de las penas venideras, se desprende, inevitable, la amarga desilusión.
Pero quizás, el panorama no sea del todo oscuro.
Tal vez esta desilusión, aunque dolosa, sea una herramienta involuntaria.
Un escudo, gastado, pero firme.
que nos mantiene en vilo y a salvo, al menos un poco,
de los desilusionadores seriales que acechan en cada historia.




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