Domingos
Los domingos en la city tienen esa rara mezcla de
pueblo y capital, ese atardecer inspirador y desolador, ese ruido silencioso
que desconcierta.
Una plaza y un envase pueden ser suficientes para
mitigar un domingo, para algunos, pero otros no solemos ser tan conformistas.
La verdad es que no suele haber una carta muy abundante, el menú es bastante
escueto. Parque, bares, cine o cafeterías no mucho más.
Los clubes suelen sufrir la soledad de los infieles, a
duras penas los visitan sus trabajadores.
La ciudad entre las 6 am y 8 am es impredecible,
alocada y silenciosa. Luego de las 8 a las 12 es muda, a eso de las 12 y moneda
comienza a desperezarse, pero rápidamente, vuelve a ensueño, letargo duro y
parejo hasta las 18hs, entre las 18 y 21 se activa cual pava en ebullición.
Clima raro, como motivación de jueves a la noche. Luego del fugaz descontrol,
la ciudad se esconde en un lúgubre silencio, las palomas de las plazas suelen
odiar este silencio por eso salen a hacer barullo en todas las plazas de la
ciudad, revoltosas piden movimiento y actividad, son abandonadas por los
locales. Los kioscos cierran sus almas, cortan el suministro de alegría a las
pobres almas desoladas, dejando convaleciente la población y un poco más
depresiva de lo habitual, resignados a la depresión, vale más llorar un buen
rato que caminar unos cuantos km por un poco de glucosa.
Los colectivos transitan en modo slow motion,
pareciera recomendación del sindicato el andar los días domingos con el freno
de mano puesto, son sin duda, los objetos más odiosos por lejos. Los domingos
de colectivos son domingos de hastió y furia.
El parque como nombraba antes es quien más visitas
recibe, sitio mimado de la city por el paranaense, el rio y su vista desde las
alturas lo hace ganar en presencia. El problema es la excesiva concurrencia de
mucha gente en poco tiempo (generalmente las mismas personas) todas concurren a
realizar lo mismo, domingo a domingo, parodia de la maquinaria actual, repetir
sin sentido hasta el hartazgo, algunos notamos eso y tratamos de huir, aunque
algunos domingos nos toque perder.
La costanera es el punto de unión de los imbéciles,
todos los domingos a entre las 17:00 y 20:30 horas aproximadamente se reúnen
todos los imbéciles de Paraná a jugar a embotellarse y recalentar los autos, a
chocar entre si y a insultarse entre ellos. Mi recomendación para los
extranjeros, trate de huir de esos lugares, permanecer un tiempo en esos sitios
no solamente podrían generarle un malestar innecesario y gratuito, sino que uno
termina contaminándose y hasta podrían contagiarle estupidez. Los únicos que bendicen y se benefician en
este rubro los domingos son las compañías de seguros, los munipas y los
mecánicos.
Los casinos suelen ser lugares de concurrencia fatal
dichos días, pero los sitios nocturnos que más son demandados por el paranaense
son los albergues de alojamientos transitorios, allí se congregan espíritus
cansados de navegar en las aguas profundas de la soledad, añoranza de compañía
doliente que sulfura los domingos a la
tarde noche, destruidos ante esta condena mortal, sacian y anestesian su
corazón a bases de inmoralidades y billetes, los cual los hace sentir
culpables, a su vez que despreciables y así vuelven al circuito vicioso de los
solitarios, en el ocaso de la semana se ven lo hilos de destinos inevitables.
Por último entre los tres últimos lugares concurridos
en la ciudad tenemos, 1) los hospitales, 2) las comisarias, 3) las iglesias.
Supongo que demasiados problemas tuvimos y tendremos como para malgastar o
acrecentarlo un domingo, total ya habrá tiempo para sufrir y pedir perdón vaya
a saber por y para quién.
En mi caso siempre fui solitario, la mayoría del
tiempo, de los días, quizás los domingos tengo sentimientos encontrados, quiero
decir, de reforzar esta condición innata y su vez de rebelarme ante mí y ante
el soberbio devenir. Quizás esto se deba a mi poco gusto por las
sorpresas. siempre imagine el futuro
como un jugador de truco arrogante que se sabe dichoso de poseer la carta
ganadora, pero que lejos de mantener la calma y la humildad, hace gala nada más
y nada menos que del azar.
Hoy me encuentro aquí, sentando en mi habitación
escribiendo este mediocre texto, ¿domingo de resurrección? Imposible no soy
creyente, y a las resacas ya no les temo, sobreviví a ellas incontables veces y
me acompañan desde hace años, una compañía más para hacerme inmensamente mal,
pero menos infeliz.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario